El sistema de concesiones chileno ha sido, por más de tres décadas, un referente en Latinoamérica por su capacidad para atraer inversión privada y desarrollar infraestructura pública de alto estándar. Su institucionalidad, la certeza jurídica que ofrece y la experiencia acumulada han permitido materializar proyectos estratégicos que hoy constituyen un pilar fundamental para la conectividad, la competitividad y el desarrollo del país.
En ese contexto, resulta especialmente significativo que la experiencia chilena continúe siendo observada como un modelo por otros países de la región. Las recientes declaraciones de la Ministra de Obras Públicas de Paraguay, publicadas por Diario Financiero, reflejan el interés por fortalecer los esquemas de asociación público-privada tomando como referencia sistemas que han demostrado resultados concretos, entre ellos el chileno.
Sin embargo, el liderazgo no es una condición permanente; exige adaptación y mejora continua. Hoy, el principal desafío del sistema de concesiones es evolucionar para responder a las nuevas exigencias técnicas, económicas y regulatorias de los proyectos de infraestructura. Ello supone, entre otras materias, modernizar el régimen concesional, perfeccionar la distribución de riesgos, simplificar los procesos de contratación y fortalecer la planificación de los proyectos.
Entre los aspectos que requieren atención destacan los siguientes:
1. Fortalecer la ingeniería de los proyectos antes de su licitación:
Parte de las concesiones en Chile se licita bajo la modalidad “Design, Build, Operate and Transfer (DBOT)”, en la cual el concesionario desarrolla la ingeniería de detalle sobre la base de un anteproyecto elaborado por la autoridad. En la práctica, esta modalidad suele revelar, durante el desarrollo de la ingeniería, condiciones o necesidades que no fueron previstas en la etapa referencial, generando modificaciones contractuales, mayores inversiones y eventuales controversias. En este escenario, resulta indispensable robustecer la ingeniería que sirve de base a las licitaciones, reduciendo las incertidumbres desde el origen y mejorando la calidad de los antecedentes técnicos disponibles para los oferentes.
2. Asignar los riesgos de manera eficiente y equilibrada:
La adecuada distribución de riesgos constituye uno de los elementos esenciales de cualquier esquema de asociación público-privada. No obstante, en diversos procesos concesionales se observa una tendencia a trasladar al concesionario una proporción excesiva de riesgos, incluso aquellos que escapan razonablemente a su ámbito de control. Ello incrementa los costos de financiamiento y reduce el interés de potenciales oferentes. Un sistema moderno requiere que cada riesgo sea asumido por la parte que se encuentre en mejores condiciones de administrarlo y mitigarlo, promoviendo contratos más eficientes, sostenibles y atractivos para el mercado.
Chile ha construido un sistema de concesiones reconocido internacionalmente y que ha sido determinante para el desarrollo de infraestructura de calidad. Precisamente por ese liderazgo, el desafío actual no es preservar el modelo tal como existe, sino perfeccionarlo. La fortaleza de las asociaciones público-privadas dependerá de la capacidad del sistema para generar proyectos técnicamente más sólidos, con una distribución de riesgos adecuada y reglas que otorguen confianza tanto al Estado como a los inversionistas.
Así el sistema de concesiones seguirá siendo un motor de desarrollo para Chile y una referencia para la región.